En tierras breves: Perder el Norte (I)
Bienvenid@s, aquí comienza el primero de una serie de relatos breves que estoy creando. Como punto de partida, me gustaría contar con vuestras opiniones: Como en algunos casos dejaré los relatos con un final abierto, cabe la posibilidad de contemplar una segunda parte según los comentarios de la gente.
Vamos a comenzar. Espero que os guste, hasta pronto!
Perder el Norte (primera parte)
Julián miró nerviosamente al cénit, al descubrir que el astro rey seguía brillando con vehemencia sobre la inclinada ladera del Everest. Todavía estaba a tiempo de coronar la cima y sumar un nuevo éxito a su dilatada experiencia como alpinista consumado, pero los minutos contaban a toda prisa.
No era la primera vez que estaba dispuesto a asumir riesgos; sabía perfectamente a qué se atenía cuando se negó a abandonar el ascenso. El tiempo se estaba acabando: echarse atrás implicaría tener que esperar a la próxima temporada del año que viene. Recordó cómo su colega nórdico prefirió tirar la toalla en el último campamento, dadas las precarias previsiones meteorológicas para las próximas horas. No muy lejos en el horizonte se podía vislumbrar una gran masa de nubes, precursora de una posible tormenta de nieve. De momento el viento estaba a favor del ascenso por la ladera.
A cada paso, cada gota de sudor iba diluyendo tenuemente las energías del alpinista. El oxígeno hacía notar su ausencia, afectando a una respiración que luchaba por retenerlo. Sólo su determinación y testarudez lo acercaban lentamente a la cima, en solitario. Ya para entonces había transcurrido media hora, y la cima cercana seguía resistiéndose a aproximarse a sus pies.
Como la paradoja de Zenón acerca de Aquiles y la tortuga, Julián veía que infinito parecía el espacio que a su meta le separaba: paso tras paso, la nieve virgen era ruidosamente perforada, mancillada por el paso del hombre ante un caprichoso egoísmo que podría costarle la vida. Por llegar a la cumbre, un abismo ínfimo pero infinito que lo abarcaba todo: tan lejos se sentía de la meta como cercana era la razón a la pura fantasía. Ningún paso pareció que le acercaba, y durante esos instantes el tiempo transcurrió para sí infinito.
Tras los últimos pasos de una intensa hora de cansancio y excitación alternadas, Julián sin resuello -y apenas oxígeno, exhausto- contempló con la falsa euforia provocada por la hipoxia que lo había conseguido. Al fin quedaba libre de la carga de una vieja promesa. Podría haberse ayudado con un contenedor de oxígeno, pero ¿qué sentimiento deportivo habría en ello? A día de hoy utilizar oxígeno aunque seguro, quitaría muchísimo valor a esta experiencia.
Llegó entonces un breve destello de conciencia, de reflexión. Con una asfixiada inspiración -entrecortada e insuficiente-, miró el espectáculo a su alrededor: un frente de nubes denso impedía ver más allá del campamento cuatro ladera abajo. Fue justo en ese momento cuando comprendió cuánto se había equivocado. El viento hacía rato que había cambiado de dirección, silbando entre los riscos helados del viejo monte. Su actitud infantil le estaba llevando alegremente y en silencio hacia el filo de la muerte; a cada minuto que transcurría allí postrado, y en la cima de la montaña.
[...]
Jürgen no lo pensó demasiado. Sabía que lo mejor que podía hacer era permanecer en el campamento cuatro y volver a casa lentamente, etapa a etapa. Sin embargo, se dió cuenta de que con toda probabilidad su compañero de ascenso no volvería vivo para contarlo, si es que volvía alguna vez de cualquiera de las maneras.
Muchos de los alpinistas fallecidos en el Everest jamás fueron rescatados, quedando allí congelados en la ruta de ascenso -como en un circo macabro-. Incluso muchos de estos alpinistas que murieron con las botas puestas tienen nombres propios, inventados por el negro sentido del humor de los escaladores más frívolos. Es frecuente ver al “saludador”, uno de muchos que quedó en una posición que invita a devolver el saludo…”botas verdes”, por el color fosforito de su calzado,…
El nórdico pensó en que quizás no debería haber permitido al alpinista español continuar el ascenso, en vez de dejarle seguir sin más su camino hacia una muerte más que probable. Mirando hacia el oeste, se dió cuenta de que algo había cambiado. El frente denso de nubes que se veía en el horizonte había comenzado a moverse con celeridad en dirección a la montaña.
En esos momentos entendió que en el instante en que la tormenta se aposentara en la cara sur del monte, difícilmente podría volver el español al campamento. Con cierto nerviosismo e impotente, pudo observar a distancia cómo Julián coronó la cima pesadamente.
Jürgen, sin perder de vista la tormenta, comenzó a ponerse el calzado.
Continúa en el siguiente enlace.
Etiquetas: breves, escritura, relatos
Hem… creo que he añadido mi entusiasta comment en el post erróneo. Muy típico de mi hemisferio hueco.
¡creo que deberías continuar con Jürgen!
Personalmente me gusta más la ”fluidez” de la segunda parte del texto, me va mucho más el tipo de escritura directa, pero esto no es una crítica, sino una preferencia personal.
A veces el exceso de ”figuras retóricas”, aunque sin duda es loable, puede llegar a densificar un texto demasiado. Tampoco opto por la eliminación… Así que me decanto por la moderación!
Un abrazo.
Le daré una vuelta, de cara a Agosto. Por lo que sé me han comentado que la sobrecarga hacía el texto algo rimbombante, y que debía trabajar en la fluidez del texto sin comprometerlo con figuras demasiado elaboradas.
En el segundo relato (Asuntos Internos) intento corregir esto suavizando un poco las formas.
Hola Desleido.
Me iré pasando a ver qué escribes. En lo referente a las figuras, creo que tampoco debes agobiarte. A mí me pasaba al comparar mi forma de escribir con la de algunos de mis compañeros del Aula (uno en concreto escribe de maravilla siguiendo un estilo distinto pero también denso, y hay gente que si no es de este modo, no lo ve como ‘literatura’) Personalmente decidí que aquella forma de escribir, pese a parecerme impresionante, no iba conmigo a la hora de ponerla en práctica.
Con esto quiero decir que si a tí te funciona y te gusta escribir de este modo, no dejes de hacerlo. Pero por otro lado te digo lo que este otro amigo que ha comentado tu texto, una o dos revisiones a posteriori, con el texto ”en fresco” a juego con tu mente, no NOS vienen mal a ninguno de los que pasamos el tiempo frente a la hoja en blanco.