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	<title>sandboxed &#187; escritura</title>
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		<title>En tierras breves: Días de huelga (I)</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Sep 2010 11:32:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
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		<category><![CDATA[breves]]></category>
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		<description><![CDATA[Al sonar el despertador, Adolfo hizo ademán de apagarlo perezosamente. El cacharro digital tililaba mostrando las 12 de la mañana, y aunque fuese una hora normal, hoy ya era demasiado tarde para llegar al trabajo. Era día de huelga en la ciudad. A pesar de que el sol se filtraba por las rendijas de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/09/GRAFITTI.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-700" style="margin: 8px;" title="Se armó la Mona Lisa..." src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/09/GRAFITTI-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Al sonar el despertador, Adolfo hizo ademán de apagarlo perezosamente. El cacharro digital tililaba mostrando las 12 de la mañana, y aunque fuese una hora normal, hoy ya era demasiado tarde para llegar al trabajo. Era día de huelga en la ciudad.</p>
<p>A pesar de que el sol se filtraba por las rendijas de la persiana, el frío de un otoño incipiente se había acomodado en la habitación.</p>
<p>Entumecido, se aprestó a cubrirse con una bata afelpada: ¿por qué la calefacción central había dejado de funcionar? La sorpresa fué mayúscula al encontrar que no había agua caliente, por lo que decidió lavarse sólo la cara y las axilas, tal como lo hacían algunos en el Madrid del siglo diecinueve. Un café bien cargado más tarde se vistió para salir a la calle.</p>
<p><span id="more-692"></span></p>
<p>Abrió la puerta verde de su apartamento y comenzó a bajar por la escalera. Al llegar al portal se sorprendió al encontrar el puesto vacío de la portería, en el que la portera solía estar a todas horas (¿se habría unido a la huelga?). Adolfo no pensaba perder el tiempo en acudir porque no tenía interés. Había decidido que era una buena excusa para tomarse el día libre, pues perder un día de salario le daba igual y tampoco tenía demasiados derechos por los que luchar tras 30 años de empleado en una oficina.</p>
<p>Salió del portal estupefacto, al ver indignado que algún gamberro había puesto junto al portón en spray rojo:</p>
<pre>                           HUELGA GENERAL. 29-S YA.</pre>
<p>Al levantar la vista, se sorprendió todavía mucho más.</p>
<p>La calle, iluminada por el sol de mediodía estaba sumida en el silencio. Un coche de policía esperaba vacío sobre la acera de enfrente, con las luces de emergencia encendidas y las puertas abiertas. Los carteles de los sindicatos colgaban de forma desordenada y apresurada sobre las vitrinas de los comercios y establecimientos que estaban cerrados. La basura reposaba amontonada en los portales,  enrareciendo el aire. No había ni un alma en la calle.</p>
<p>Angustiado se dispuso a llamar a su hijo  para preguntarle qué pasaba pero no pudo hacerlo, pues el móvil estaba fuera de cobertura. En el interior de Adolfo comenzó a despertar la inquietud y una profunda incertidumbre, al saber que no podía ser posible.</p>
<p>¿Una huelga total?<br />
¿Y los piquetes?<br />
¿Y la policía?<br />
¿Y la gente que dejó de ir a trabajar?</p>
<p>Enseguida volvió al portal, a llamar al vecino de su rellano, con escaso éxito. Después de probar en varios pisos -portera inclusive-, recordó que en el ático vivía un señor de edad avanzada que ya no podía salir de casa.</p>
<p>- <strong>Hola? Hola! ¿Hay alguien en casa?</strong>- aprestó Adolfo, pulsando insistentemente el botón del ático en el interfono.<br />
- <strong>&#8230; ah, parece que todavía queda alguien en la calle&#8230;</strong> &#8211; dijo una voz apagada.<br />
- <strong>Disculpe que le moleste, soy el vecino del 4ºB. La calle está vacía y no hay nadie&#8230;¿qué está pasando?</strong> -<br />
- <strong>Será mejor que suba y se lo cuente, no creo que pueda bajar de mi piso y no sé si me creería</strong> -</p>
<p>Adolfo subió las escaleras, apresuradamente, nervioso y aliviado porque al menos sabía que no estaba totalmente solo. Resoplando, tuvo que parar en el rellano de su casa, para poder subir tres plantas más a toda prisa antes de llegar al ático. La puerta del inmueble estaba entreabierta, y a través de ella un jirón de humo de cigarrillo disperso fluctuaba en el aire, estático.</p>
<p>Decidió entrar, para ver que tras el angosto recibidor la luz diurna que surgía de una habitación se aplastaba contra  la oscuridad del pasillo que lo seguía,  junto con el humo de cigarrillo que flotaba en el ambiente.</p>
<p>Saludando al interlocutor ausente con un apagado &#8220;<strong>Hola, buenos días..</strong>.&#8221; traspasó el umbral y cerró la puerta. Al acercarse a la habitación a través del pasillo, pudo ver a un hombre de avanzada edad sentado en una silla de ruedas.</p>
<p>- <strong>Me parece que usted no tiene ni idea de lo que está pasando, así que antes de nada tome asiento porque lo que le voy a contar es difícil de creer</strong> -<br />
- <strong>Sí claro, pero permítame preguntarle&#8230;¿qué hace usted aquí todavía?</strong> &#8211; respondió con sorpresa Adolfo.<br />
- <strong>Casi lo mismo que usted, pero de forma diferente. Si tiene paciencia se lo explicaré.</strong> -</p>
<p><em>[...continuará...]</em></p>
<p><em><strong>Nota (2010/10):</strong> Como la segunda parte queda abierta, se aceptan propuestas para terminar el relato. Procuraré hacer la segunda entrega pronto.</em></p>
<p><em><strong>Otra nota (2010/11):</strong> Cambié el título del relato, porque me pareció muy repetitivo volver a titularlo con el término &#8220;silencio&#8221;, cosa que ya había hecho en un escrito anterior.  &#8220;Días de huelga&#8221; suena más cotidiano y encaja mejor con el relato.<br />
</em></p>
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		<title>Furor literario (segunda parte)</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2010 12:15:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[cursos]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>

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		<description><![CDATA[Después del curso intensivo de Fuentetajaliteraria, tal como os comenté en mi post anterior sólo puedo decir que salí muy decepcionado. Aunque muy simpática nuestra tutora, apenas prestó atención a nuestros escritos comentándolos de forma superficial. La ausencia de interés en su trabajo quedó muy clara a lo largo del curso. Aquí viene una lista [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/09/lapizsinmecha.png"><img class="alignleft size-medium wp-image-514" style="margin: 8px;" title="lapizsinmecha" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/09/lapizsinmecha-300x190.png" alt="" width="315" height="199" /></a>Después del curso intensivo de <strong>Fuentetajaliteraria</strong>, tal como os comenté <a title="Hablando del curso intensivo de Fuentetajaliteraria" href="http://www.sandboxed.org/index.php/2010/07/furor-literario/" target="_blank">en mi post anterior</a> sólo puedo decir que salí muy decepcionado.</p>
<p>Aunque muy simpática nuestra tutora, apenas prestó atención a nuestros escritos comentándolos de forma superficial. La ausencia de interés en su trabajo quedó muy clara a lo largo del curso.</p>
<p><span id="more-512"></span></p>
<p>Aquí viene una lista de lo que no me gustó:</p>
<ul>
<li><em>Moderación del foro mínima</em> (todos los comentarios sólo se publicaban de forma cerrada bajo la autorización del tutor y muy a destiempo, amputando cualquier tipo de interacción fluida entre los asistentes al curso).</li>
<li><em>Sistema telemático antediluviano</em> (el sistema de un foro cerrado, sin posibilidad alguna de poder publicar un comentario en el momento impedía cualquier comunicación fluida con los demás)</li>
<li><em>Desfase en el inicio del curso y entrega de materiales en frío</em> (apenas el tutor habló de los materiales,  se limitaron simplemente a pasarlos sin más junto a los ejercicios de escritura).</li>
</ul>
<p>Así que la definición es &#8220;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pastafarismo" target="_blank">dejado de la mano de dios</a>&#8220;. Parece que el sistema online debería unir lo mejor de los dos mundos de los cursos literarios (cursos a distancia y cursos presenciales), pero eché a faltar la mayor parte de las bondades de éstos:</p>
<ul>
<li><em>Comunicación con los compañeros y el tutor fluida</em>, como en el caso de los cursos presenciales.</li>
<li><em>Rigor en las lecciones, correcciones y estudio de los escritos,</em> como en el caso de los cursos por correspondencia.</li>
</ul>
<p>¿Lo mejor del curso? Lo siguiente:</p>
<ul>
<li><em>Los compañeros de curso</em><strong>,</strong> que aportaron valor crítico a los trabajos de los demás.</li>
<li><em>Que la tutora me caía simpática</em>&#8230;pero es que&#8230;eso no es suficiente en un curso de escritura.</li>
</ul>
<p>No pienso volver a tirar el dinero: en mente tengo probar un curso presencial ó a distancia con <a title="Escritura Creativa" href="http://www.escrituracreativa.com" target="_blank"><strong>Clara Obligado</strong></a>, recomendada por una amiga que trabaja en el campo de las letras.</p>
<p>No todos los rincones son buenos para realizar cursos de escritura, espero que os sirva de algo esta experiencia.</p>
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		<title>En tierras breves: Padres en silencio</title>
		<link>http://www.sandboxed.org/index.php/2010/08/en-tierras-breves-padres-en-silencio/</link>
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		<pubDate>Tue, 03 Aug 2010 13:21:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[breves]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[No veía otra salida: ni estaba previsto ni premeditado. Ahora que ella ya no estaba, mi corazón hecho pedazos me decía que no tenía otra alternativa. Ciego de tristeza y dolor crucé la puerta del hospital, hacia la senda de lo inevitable. Él, mientras tanto, me miraba fijamente con sus redondos ojitos oscuros de color [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/08/Mae_bebe_1_.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-474" style="margin: 8px; border: 0pt none;" title="Madre y bebé" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/08/Mae_bebe_1_-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>No veía otra salida: ni estaba previsto ni premeditado. Ahora que ella ya no estaba, mi corazón hecho pedazos me decía que no tenía otra alternativa. Ciego de tristeza y dolor crucé la puerta del hospital, hacia la senda de lo inevitable.</p>
<p>Él, mientras tanto, me miraba fijamente con sus redondos ojitos oscuros de color avellana,  arropado en su arrullo.</p>
<p>Por su parecer, podría llegar a creer que él estaba al cargo de la situación, que entendía la gravedad de lo ocurrido en el hospital,  que sentía todo lo que había pasado y que también la echaba de menos. Tras las puertas del hospital nos esperaba el frío invierno.</p>
<p><span id="more-385"></span></p>
<p>Ada dió a luz a las seis de la tarde, en un parto difícil y largo; las cosas no habían ido bien desde el principio. Las contracciones del día anterior comenzaron a ser demasiado intensas y dolorosas, y fue aquella mañana cuando rompió aguas, tiñendo las sábanas de escarlata.</p>
<p>Cuando llegamos al hospital, ella ya estaba muy débil. Me avergüenzo, pero he de reconocer que me preocupé más de su estado que del bebé: si hubiese sabido que esto podía pasar, jamás me habría atrevido a dejarla trabajar en su estado.  Pero lo peor es que nuestro problema estaba en el dinero, sin el cual no podríamos aguantar mucho más el invierno.</p>
<p>Yo estaba sin trabajo y ahora que Ada nos había dejado no podríamos cubrir las deudas, ni los gastos de la comida ni el alquiler. En un país frío y extraño con la familia tan lejos, nadie podría ayudarnos ni de cerca ni a distancia. Ahora que ella ya no estaba -con el corazón hecho pedazos, solo y con un bebé que alimentar- ni siquiera lo podría enviar a la familia. No había dinero suficiente, ni iba a haberlo en el futuro cercano.</p>
<p>El bebé se echó a llorar, y tuve que meterme en un puesto nocturno para comprar suficiente leche en polvo para varios días. Fue así cómo gasté lo poco que me quedaba en los bolsillos. Ya era demasiado tarde para volver a casa, y aunque deseara hacer lo contrario la decisión estaba tomada.</p>
<p>Nos quedamos un rato en la tienda, recuperando el calor que nos había robado el invierno siberiano. Con el calor empezó a calmarse, y olvidando el motivo de su llanto se encogió más en el arrullo, con miedo a perder de nuevo un combate más al infatigable frío. El tendero sospechando algo, nos obligó a salir apresuradamente de la tienda.</p>
<p>Treinta minutos más tarde, nos acercamos por fin ante la puerta. La puerta del orfanato, negra y desvencijada había sido reparada con maña pero con escasos recursos. Los escalones irregulares estaban limpios, en contraste con la nieve que cubría las aceras de la calle. Las ventanas traslúcidas e iluminadas, estaban enteladas por el tenue calor que desprendían en contraste con el frío de la noche.</p>
<p>Tenía que ser así, antes de que me pudiese arrepentir. Dándole un beso en la pequeña frente, dejé al bebé y un paquete con la nota frente a la puerta, para luego tirar fuertemente de la campana y salir corriendo.  Deslicé la mano en el tirador de la campana, hice una larga inspiración y cogí el asidor con fuerza.</p>
<p>Fue entonces cuando me dí cuenta de que el bebé estaba despierto, mirándome fijamente, expectante. Por su parecer, podría llegar a creer que él estaba al cargo de la situación, que entendía la gravedad de lo ocurrido en el hospital, que sentía todo lo que había pasado y que también la echaba de menos. Así  anhelante esperaba algo por mi parte, esperando así pacientemente una respuesta velada.</p>
<p>Y fue entonces cuando ví a Ada.</p>
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		<title>En tierras breves: Perder el Norte (II)</title>
		<link>http://www.sandboxed.org/index.php/2010/07/relatos-breves-perder-el-norte-ii/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 14:42:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[breves]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Continuamos la historia que comenzó en este post anterior. Siendo consciente de que estoy aprendiendo a escribir relatos breves, sé que habrán fallos en el escrito. Os quisiera animar a que aportéis vuestros comentarios, de los que os estaré siempre agradecido. Perder el Norte (segunda parte) Puesto y ajustado todo el equipo, la gélida ventisca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/pelikan-everest-0.jpg"><img class="size-medium wp-image-344 alignleft" style="margin: 8px;" title="everest" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/pelikan-everest-0-300x253.jpg" alt="" width="300" height="253" /></a><em>Continuamos la historia que comenzó en <a title="Perder el Norte (I)" href="http://www.sandboxed.org/index.php/2010/07/relatos-breves-perder-el-norte/" target="_blank">este post anterior</a>. Siendo consciente de que estoy aprendiendo a escribir relatos breves, sé que habrán fallos en el escrito. </em></p>
<p><em>Os quisiera animar a que aportéis vuestros comentarios, de los que os estaré siempre agradecido.</em></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Perder el Norte (segunda parte)</strong></p>
<p>Puesto y ajustado todo el equipo, la gélida ventisca que invadía el campamento le obligó a entornar los ojos tras salir de la tienda de campaña.</p>
<p>- Qué idiotez! ¿Cómo pude abandonarle a su suerte? &#8211; gruñó el nórdico. Acto seguido, se puso a caminar pesadamente sobre la nieve, ceñido por el viento.</p>
<p><span id="more-315"></span>El sol había desaparecido tras el frente de nubes que cubría el campamento, y Jürgen con el corazón en un puño seguía la vía de ascenso que habían practicado esa misma mañana. Con tan sólo alzar la cabeza, se podía vislumbrar entre las nubes una pequeña mancha amarillo fosforito que bajaba torpemente desde la cumbre de la montaña.</p>
<p>Empujado por el viento ladera arriba, la bombona de oxígeno oscilaba a sus espaldas. De ella dependía evitar la hipoxia entre la ida y la vuelta al campamento. ¿En qué estado estaría su compañero ahora mismo?</p>
<p style="text-align: center;">[...]</p>
<p>Mareado por la falta de oxígeno, el dolor  se instalaba cada vez más en el fondo de  la cabeza del español. El campamento cuatro estaba allí abajo,  pero ya no podía verlo.  A medida que descendía penosamente, el cansancio nublaba de vez en cuando su vista y la euforia había dado paso a una ansiedad cada vez más profunda. Julián se dió cuenta de que el tiempo se le estaba agotando rápidamente.</p>
<p>Con certeza su vida quedaba literalmente a sus pies -en la cima del mundo- y estaba cerca de perderla para siempre. El dolor en sus pulmones empezó a acentuarse, tras una larga exposición a la atmósfera pobre en oxígeno que el montañero intentó ignorar todo lo posible.</p>
<p>- Sólo es un paseo cuesta abajo -  se decía para sus adentros, exhausto. El viento que le traía de frente el temporal de nieve no sólo estaba cubriendo el campamento, sino que en pocos minutos estaría justo donde él estaba ahora mismo.</p>
<p>La nieve envolvió enseguida al alpinista sin remedio, incrementando la resistencia al descenso cada vez más. La energía se le estaba agotando rápidamente, y empezó a flaquear. Las piernas ya casi no le sostenían, la cabeza estaba embotada&#8230;no sentía los pies ni las manos. Sólo miraba hacia al suelo y seguía las pisadas, las pisadas que había dejado esta mañana. La gravedad que le había ayudado al principio a descender empezó a pedirle que se dejara llevar, que se postrara a descansar un momento, sólo un momento&#8230;</p>
<p style="text-align: center;">[...]</p>
<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/aldas_everest_summit.jpg"><img class="size-medium wp-image-342 alignright" style="margin: 8px;" title="aldas_everest_summit" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/aldas_everest_summit-300x240.jpg" alt="" width="300" height="240" /></a>La nieve surcaba por los aires alrededor del nórdico, protegido por la máscara de oxígeno que no ayudaba a mejorar la visibilidad del entorno.  Sólo la luz gris oscurecida por el temporal de nieve le permitía distinguir los surcos de las pisadas en la vía de ascenso.</p>
<p>Tras una hora de difícil esfuerzo, distinguió una forma de color amarillo apagado más adelante. Con preocupación, Jürgen se aproximó y encontró a Julián tendido en el suelo, semicubierto por la nieve que no cesaba de envolverles incansablemente.</p>
<p>- Eh! Eh! Julián! Despierta, tienes que levantarte! -</p>
<p>- &#8230; -</p>
<p>Julián todavía tenía pulso, pero muy débil. Sus manos y pies parecían rígidos, estaba hecho un ovillo en el suelo, inconsciente. Si no conseguía reanimarlo sería demasiado tarde. Sin su cooperación sería imposible arrastrarlo ladera abajo: manejar tanto peso a esta altura requeriría la asistencia de varias personas.</p>
<p>Intentó darle oxígeno para ver si su condición mejoraba, pero la coloración de la piel ya mostraba los signos de una hipoxia aguda. Fue así como el español recobró el conocimiento lo suficiente como para devolverle una mirada, para luego caer de nuevo en la inconsciencia.</p>
<p>Desesperado, intentó empujar el cuerpo de su compañero para hacerlo rodar por la pendiente. Los músculos del noruego se tensaron del esfuerzo, y con un empujón sostenido consiguió que el cuerpo de Julián se desplazase apenas un metro más abajo. La nieve recién llegada impedía que pudiese deslizarse lo suficiente, y el tiempo seguía empeorando.</p>
<p>Sollozando, el noruego se dió cuenta por fin de que era demasiado tarde.  Así se quedó unos instantes arrodillado junto a su compañero, batido por los vientos y la nieve  junto a la cima del Everest.</p>
<p style="text-align: center;">[ fin ]</p>
]]></content:encoded>
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		<title>En tierras breves: Asuntos Internos</title>
		<link>http://www.sandboxed.org/index.php/2010/07/relatos-breves-asuntos-internos/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 11:50:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya eran aproximadamente las tres de la madrugada. El reloj de Mauro iba un poco retrasado, algo típico de alguien que no se fijaba demasiado en ese tipo de detalles. La calle madrileña -pésimamente iluminada- reflejaba de vez en cuando algunos brillos sobre la piel de las chicas apostadas en los muros adyacentes, que en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/C2V-007.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-228" style="margin: 8px;" title="C2V-007" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/C2V-007-300x203.jpg" alt="" width="300" height="203" /></a>Ya eran aproximadamente las tres de la madrugada. El reloj de Mauro iba un poco retrasado, algo típico de alguien que no se fijaba demasiado en ese tipo de detalles.</p>
<p>La calle madrileña -pésimamente iluminada- reflejaba de vez en cuando algunos brillos sobre la piel de las chicas apostadas en los muros adyacentes, que en guardia esperaban a algún incauto que pudiese caer en sus manos.</p>
<p><span id="more-223"></span></p>
<p>Todavía ella no había llegado, así que había tiempo para entretener la mirada entre las variadas curvas y texturas: jóvenes experimentadas o maduras novatas,  siempre las observaba como a las verdaderas víctimas de la noche. Deambulaban por la acera con impaciencia, esperando cazar al cliente ideal, para quedar su imagen en sus mentes enmarcada hasta el día siguiente.</p>
<p>Mauro entre tanto revisaba de vez en cuando su vestimenta. La falta de suficiente luz impedía ver si por accidente el último café hubiese podido mancillar su camisa de poligonero: unas profundas ojeras y unos dientes artificialmente descolocados no contribuían demasiado a mejorar su presencia, cosa que solía preocuparle con frecuencia. Dicen que los hombres mejoran con los años, y precisamente Mauro no corría con esta misma suerte. Al menos el rapado al cero causaba su efecto. Satisfecho con su última inspección, se mordió el labio inferior y apretó los puños,  forrados éstos de anillos dorados que reposaban sobre el volante.</p>
<p>Al poco de llegar empezaron las entrevistas de siempre, cosa que era un buen problema. Multitud de prostitutas circularon ante su ventanilla, a la espera de que pudiese morder el anzuelo; un anzuelo que invariablemente solía quedar muy a la vista. Tanto se veía que Mauro acababa sumergiéndose en esos detalles: la ropa ínfima y ajustada, los labios húmedos, el vicio perspirado por cada poro y el aliento precipitado sobre la piel, en la humedad de la noche. Esto solía dificultar las cosas, pues debía reenganchar a Eva antes de que fuese demasiado tarde. Perderle de vista un solo instante alargaría su espera.</p>
<p>De esta guisa, Mauro solía fantasear un rato. Eso solía ser más barato, higiénico pero apenas eficaz, pues su economía no era muy boyante y la soledad le atenazaba sin descanso. A día de hoy, el trabajo era todo lo que tenía: ya llevaba tres meses con este asunto, y a fuerza de la costumbre había olvidado lo que era vivir de día una vida normal.</p>
<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/chica_en_negro1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-235" style="margin: 8px;" title="chica_en_negro" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/chica_en_negro1-300x300.jpg" alt="" width="286" height="286" /></a>Pasadas las tres y media distinguió a Eva, a través de la calle. Era una mujer esbelta de pelo castaño: Vestía como una joven gótica que acababa de salir de un local de copas; llevaba unas medias que recorrían sus largas y perfiladas piernas hasta una falda corta y ajustada que absorbía la luz por completo. A juego venía una blusa blanca con tirantes negros y sin mangas, abierta lo suficiente para airear un ligero escote, que seducía en silencio, hermoso.</p>
<p>El maquillaje resaltaba la oscuridad de unos ojos profundos, que brillaban incisivos. Así mismo, un sencillo tatuaje en letras góticas recorría su cuerpo, unas palabras que expresaban una frase que sólo el observador privilegiado podría ver algún día en su totalidad a todo detalle. Recorría una muñeca, se desplazaba al codo y se sumergía debajo de la blusa, reapareciendo por el escote. Salía por otro rincón, pasaba por la pierna y se perdía&#8230;.en la imaginación del observador.</p>
<p>Perdido Mauro en estos detalles, vio como Eva vino directamente hacia él, acercándose a la ventanilla.</p>
<p>- Hola Mauro, ¿hace un pitillo? Anda, demos un paseo.<br />
- Ya era hora, cada vez tardas más&#8230;</p>
<p>Mauro, fingiendo cierta indiferencia puso en marcha el coche mientras ella ocupaba el asiento del acompañante. El motor de doscientos caballos, ronroneó mientras la blanda y agitada suspensión del viejo Citröen compensaba la entrada de Eva en su interior.</p>
<p>- A ver cuándo nos cambiamos el coche, Mauro. Menuda chatarra&#8230;¿ya aguantará el chasis de este Citröen de 2CV este motor?<br />
- No lo puedo evitar, soy un sentimental. Ya sabes lo que me gustan los coches retro, especialmente si están tuneados por dentro&#8230;el trabajo requiere velocidad cuando es necesaria, y paga el estado.</p>
<p>Los ojos de Eva miraron exageradamente hacia arriba, como si pudiesen perforar el techo del coche. Un resoplido más tarde, centró su mirada en las luces de la ciudad que en un jueves cualquiera como éste, nunca duerme.</p>
<p>- ¿Y bien? ¿Algún progreso?- dijo Mauro.<br />
- Me han comentado que esta misma madrugada se hará la próxima entrega en el Capricho, así que es posible que los pillemos. Ya sabes que hasta ahora no sabíamos quién se ha estado llevando poco a poco la heroína que con tanto esfuerzo se había decomisado hasta ahora. Y especialmente después del pelotazo del aeropuerto.</p>
<p>Mauro, aliviado, suspiró con cierto fastidio:</p>
<p>- Ya era hora! Después de tres meses, ¿no había otra forma de hacerlo?.<br />
- ¿Y poner en guardia a todo el departamento de narcóticos? Imposible.<br />
- Entonces, ¿qué hacemos? ¿Avisamos?<br />
- ¿Avisar? De eso ni hablar&#8230;.ya que nos hemos tirado tres meses así, tengo ganas de saber quién nos ha estado tocando los huevos todo este tiempo y hacerles tragar el polvo hasta el último gramo.</p>
<p>Eva lanzó una profunda calada al cigarrillo -liado, como debía ser-, y soltó el aire de golpe. Decididamente, el Citröen torció bruscamente su curso subiendo por la alameda de Osuna en dirección al parque. La luna llena brillaba en un cielo despejado, para el que la contaminación habitual no había hecho mella en esa noche de verano.</p>
<p>Aparcado el coche de incógnito -salvo por el pequeño detalle del ruidoso exceso de cilindrada del motor-  Eva y Mauro se dispusieron a colarse en el parque, trepando por el muro opuesto a la entrada principal lo mejor posible.</p>
<p>- Como se te ocurra mirar hacia arriba, te voy a dejar esa sonrisa bobalicona como un piano, que ya poco le falta.<br />
- Bueno, vale: ya que te pones así, déjame subir a mí primero.<br />
- ¿Para observarme cómo bajo desde el otro lado? Quedas avisado&#8230;</p>
<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/pistola.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-249" style="margin: 8px;" title="pistola" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/pistola-300x194.jpg" alt="" width="300" height="194" /></a>Mauro tuvo que dejarla ir a ella primero, quedándose de espaldas y a regañadientes. Ya superado el muro, acordaron mantenerse cerca del punto de encuentro pero sin posibilidad de caer en fuego cruzado. Pistolas a punto, y seguros fuera aguardaron un rato hasta que en medio de la noche se encontraron cuatro personas junto al viejo invernadero de cristal.</p>
<p>- Gutiérrez y Alcántara, qué cabrones&#8230;.- susurró Mauro sibilante, apretando los dientes.</p>
<p>Gutiérrez se llevó lentamente la mano al interior de la americana, mientras Alcántara miraba de soslayo a una sombra que desde un arbusto se proyectaba en el suelo.</p>
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		<title>En tierras breves: Perder el Norte (I)</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 22:25:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
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		<category><![CDATA[breves]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Bienvenid@s, aquí comienza el primero de una serie de relatos breves que estoy creando. Como punto de partida, me gustaría contar con vuestras opiniones: Como en algunos casos dejaré los relatos con un final abierto, cabe la posibilidad de contemplar una segunda parte según los comentarios de la gente. Vamos a comenzar. Espero que os [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/SirEdmundHillary.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-190" style="margin: 8px;" title="Sir Edmund Hillary, el primer hombre en coronar la cima del Everest." src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/SirEdmundHillary-221x300.jpg" alt="" width="221" height="300" /></a><em>Bienvenid@s, aquí comienza el primero de una serie de relatos breves que estoy creando. Como punto de partida, me gustaría contar con vuestras opiniones: Como en algunos casos dejaré los relatos con un final abierto, cabe la posibilidad de contemplar una segunda parte según los comentarios de la gente.</em></p>
<p><em>Vamos a comenzar. Espero que os guste, hasta pronto!</em></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Perder el Norte (primera parte)<br />
</strong></p>
<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 		A:link { color: #003366 } -->Julián miró nerviosamente al cénit, al descubrir que el astro rey seguía brillando con vehemencia sobre la inclinada ladera del Everest. Todavía estaba a tiempo de coronar la cima y sumar un nuevo éxito a su dilatada experiencia como alpinista consumado, pero los minutos contaban a toda prisa.</p>
<p><span id="more-164"></span>No era la primera vez que estaba dispuesto a asumir riesgos; sabía perfectamente a qué se atenía cuando se negó a abandonar el ascenso. El tiempo se estaba acabando: echarse atrás implicaría tener que esperar a la próxima temporada del año que viene. Recordó cómo su colega nórdico prefirió tirar la toalla en el último campamento, dadas las precarias previsiones meteorológicas para las próximas  horas. No muy lejos en el horizonte se podía vislumbrar una gran masa de nubes, precursora de una posible tormenta de nieve. De momento el viento estaba a favor del  ascenso por la ladera.</p>
<p>A cada paso, cada gota de sudor iba diluyendo tenuemente las energías del alpinista. El oxígeno hacía notar su ausencia, afectando a una respiración que luchaba por retenerlo. Sólo su determinación y testarudez lo acercaban lentamente a la cima, en solitario. Ya para entonces había transcurrido media hora, y la cima cercana seguía resistiéndose a aproximarse a sus pies.</p>
<p>Como la paradoja de Zenón acerca de Aquiles y la tortuga, Julián veía que infinito parecía el espacio que a su meta le separaba: paso tras paso, la nieve virgen era ruidosamente perforada, mancillada por el paso del hombre ante un caprichoso egoísmo que podría costarle la vida. Por llegar a la cumbre, un abismo ínfimo pero infinito que lo abarcaba todo: tan lejos se sentía de la meta como cercana era la razón a la pura fantasía. Ningún paso pareció que le acercaba, y durante esos instantes el tiempo transcurrió para sí infinito.</p>
<p>Tras los últimos pasos de una intensa hora de cansancio y excitación alternadas, Julián sin resuello -y apenas oxígeno, exhausto- contempló con la falsa euforia provocada por la hipoxia que lo había conseguido. Al fin quedaba libre de la carga de una vieja promesa. Podría haberse ayudado con un contenedor de oxígeno, pero ¿qué sentimiento deportivo habría en ello? A día de hoy utilizar oxígeno aunque seguro, quitaría muchísimo valor a esta experiencia.</p>
<p>Llegó entonces un breve destello de conciencia, de reflexión. Con una asfixiada inspiración -entrecortada e insuficiente-, miró el espectáculo a su alrededor: un frente de nubes denso impedía ver más allá del campamento cuatro ladera abajo. Fue justo en ese momento cuando comprendió cuánto se había equivocado. El viento hacía rato que había cambiado de dirección, silbando entre los riscos helados del viejo monte. Su actitud infantil le estaba llevando alegremente y en silencio hacia el filo de la muerte; a cada minuto que transcurría allí postrado, y en la cima de la montaña.</p>
<p style="text-align: center;">[...]</p>
<p><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/EverestBaseCamp.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-194" style="margin: 8px;" title="Campamento Base en el Everest" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/EverestBaseCamp-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Jürgen no lo pensó demasiado. Sabía que lo mejor que podía hacer era permanecer en el campamento cuatro y volver a casa lentamente, etapa a etapa. Sin embargo, se dió cuenta de que con toda probabilidad su compañero de ascenso no volvería vivo para contarlo, si es que volvía alguna vez de cualquiera de las maneras.</p>
<p>Muchos de los alpinistas fallecidos en el Everest jamás fueron rescatados, quedando allí congelados en la ruta de ascenso -como en un circo macabro-. Incluso muchos de estos alpinistas que murieron con las botas puestas tienen nombres propios, inventados por el negro sentido del humor de los escaladores más frívolos. Es frecuente ver al “saludador”, uno de muchos que quedó en una posición que invita a devolver el saludo&#8230;”botas verdes”, por el color fosforito de su calzado,&#8230;</p>
<p>El nórdico pensó en que quizás no debería haber permitido al alpinista español continuar el ascenso, en vez de dejarle seguir sin más su camino hacia una muerte más que probable. Mirando hacia el oeste, se dió cuenta de que algo había cambiado. El frente denso de nubes que se veía en el horizonte había comenzado a moverse con celeridad en dirección a la montaña.</p>
<p>En esos momentos entendió que en el instante en que la tormenta se aposentara en la cara sur del monte, difícilmente podría volver el español al campamento. Con cierto nerviosismo e impotente, pudo observar a distancia cómo Julián coronó la cima pesadamente.</p>
<p>Jürgen, sin perder de vista la tormenta, comenzó a ponerse el calzado.</p>
<p><em>Continúa en el<a title="Perder el Norte (II)" href="http://www.sandboxed.org/index.php/2010/07/relatos-breves-perder-el-norte-ii/" target="_blank"> siguiente enlace</a>.</em></p>
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		<title>Furor literario (primera parte)</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Jul 2010 22:06:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>desleido</dc:creator>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[cursos]]></category>
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		<description><![CDATA[En estos días comienzo un curso intensivo de Iniciación al Relato Breve en Fuentetaja, una organización dedicada al fomento de talleres y cursos relacionados con la creación literaria desde múltiples ámbitos (novela, relato, escritura creativa, técnica y estilo, producción de guiones, narrativa oral, &#8230;). Ayer mismo comenzamos con la realización de un breve Autorretrato, a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_60" class="wp-caption alignleft" style="width: 296px"><a href="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/literatura.jpg"><img class="size-medium wp-image-60" title="literatura" src="http://www.sandboxed.org/wp-content/uploads/2010/07/literatura-300x225.jpg" alt="un pozo sin fondo, la pasión por la literatura" width="286" height="214" /></a><p class="wp-caption-text">un pozo sin fondo, la  pasión por la literatura</p></div>
<p>En estos días comienzo un <a title="Curso intensivo de Iniciación al Relato Breve" href="http://www.fuentetajaliteraria.com/ficha_taller.php?id=320" target="_blank">curso intensivo de Iniciación al Relato Breve</a> en <strong>Fuentetaja</strong>, una organización dedicada al fomento de talleres y cursos relacionados con la creación literaria desde múltiples ámbitos (novela, relato, escritura creativa, técnica y estilo, producción de guiones, narrativa oral, &#8230;).</p>
<p>Ayer mismo comenzamos con la realización de un breve Autorretrato, a modo de ejercicio de presentación. Nuestra tutora es <a title="Uno de los diversos blogs de nuestra tutora." href="http://elrumordesuspulgares.blogspot.com/" target="_blank">Rebeca Le Rumeur</a>, escritora galardonada por varios premios en el campo de la narrativa y artista que también compone y plasma en la pintura su inspiración.</p>
<p>A pesar de que en los primeros días no hubo apenas actividad, parece que la cosa está despegando. Ya os iré contando qué tal va yendo la experiencia a medida que vayamos avanzando. Quizás pueda parecer todo esto algo exagerado, pero es que dejé de escribir hace más de 10 años.</p>
<p>La idea de poder retomarlo y librarme del bloqueo que llevo me hace una ilusión tremenda.</p>
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