Canadá a lo ancho y a lo grande (Intro)
El 13/09/2010 aterrizamos los 3 en Toronto: después de 5 años de ahorros, 8 horas de vuelo sin escalas y una promesa cumplida en el bolsillo, la familia de mi esposa nos recogió en el aeropuerto.
El 13/09/2010 aterrizamos los 3 en Toronto: después de 5 años de ahorros, 8 horas de vuelo sin escalas y una promesa cumplida en el bolsillo, la familia de mi esposa nos recogió en el aeropuerto.
El otro día tuve la oportunidad de comer rápidamente en un restaurante que está al lado del asiático Kobe de Las Tablas, digamos que se llama Altajo (hale, vamos al tajo). Hacía mucho tiempo que no me habían tratado tan mal en un restaurante, aunque claro, tampoco podía esperar mucho de una cervecería.
De un estupendo menú de 11 euros había dos opciones por plato, postre o café incluido y punto. Tal como entré hice ademán de girarme….pero a mis espaldas quedaba el erial que representa el infinito distrito de Las Tablas.
Parece como si por el mero hecho de vivir ó trabajar en este desierto de asfalto y hormigón, uno tuviese que pagar algún tipo de impuesto revolucionario que pudiese justificar al alza cualquier precio. Sin embargo era eso ó volver al distrito urbano-sahariano que quedaba fuera del local.
Este fin de semana estuve en Bilbo, el tiempo justo para poder conocer su cara más amable. Me impactó el cambio gradual que ha sufrido la ciudad en estos últimos 10 años tras mi última visita: parece una ciudad más limpia, ahora que la industria está claramente en retroceso en esta pequeña ciudad.
Ciertamente, se ve una inversión y un trabajo a fondo en cuidar con mimo las infraestructuras: fachadas, puentes, rehabilitación de edificios, arte, mobiliario urbano, paisajismo y zonas verdes.
Por esa razón se respira un ambiente próspero en -repito- la cara más amable de la ciudad. De vez en cuando se nota cierto toque e influencia de la iglesia en algunos rincones (que en numerosos casos, hizo cuenta de su patrimonio para vender, revender y comprar propiedades con mucha astucia, según me han contado).
En definitiva, los habitantes de Bilbo pueden sentirse muy orgullosos de su ciudad, desde luego: Hacía mucho que no visitaba una ciudad tan limpia y cuidada, tan verde y tan singular a la vez.
Sin embargo, no tuve la ocasión de poder ver la otra cara de la moneda: ví gente de todo tipo y condición, pero me comentaron que hay zonas donde la ría separa claramente a los ricos de los pobres. Me da la impresión de que -como en muchos otros lugares- la clase media va en declive.
Así, hay rincones que muestran el lado más oscuro de la ciudad y que no tuve la ocasión de conocer; queda hecha la promesa de introducirme en sus entrañas más adelante (y quizás el año que viene).
Por otra parte, espero que os hayan gustado las fotos. Hasta pronto!
Sintiéndome obligado a tener que dejar el coche en el taller, me ví forzado a caminar hasta mi trabajo.
No sin cierto respeto, tenía que ir caminando por el arcén de la carretera de Fuencarral para evitar los agujeros que me iba encontrando al otro lado del quitamiedos. Durante el trayecto, me llamó bastante la atención que cuando solemos ir en coche nos olvidamos del entorno que nos rodea: simplemente, si no lo vemos no podemos creer que algo llegue a existir por sí mismo.