Esto es como todo en la vida. El tiempo libre viene y va, viene y va… y el blog queda congelado en el tiempo cada vez más.
Desde noviembre me sumergí en un proyecto de largo recorrido, y desde entonces no hemos parado de crecer. Lucharé por devolverle su justa dignidad tan pronto como sea posible.
¡Queda prometido!
Aquí viene una entrada de weblog. 1, 2 …
Y tres: por el momento, el pobre blog ha quedado muy relegado debido a varias perturbaciones que están pasando por mi vida.
Aunque diga perturbaciones, no significa que éstas sean buenas o malas: unas me han venido dadas y otras las encontré porque me las he buscado yo solo.
Así, comenzamos hace algo más de un mes a trabajar en un proyecto de cloud computing que nos está llevando de cabeza. Además, se me metió entre ceja y ceja comprar una vivienda, con toda la tontería del fin del plan de desgravación hipotecario que termina este año 2010. Corrí varias aventuras en el mundo del ladrillo y me salvé de una buena estafa inmobiliaria mientras trabajaba a toda velocidad.
De ello salió la idea de hacer varias entradillas relacionadas con el mundo hipotecario, la compra y el alquiler. Creo que la experiencia mereció la pena: A todo esto se suma la universidad, que aunque con pocas asignaturas (mientras trabajo y ejerzo de padre) me reclama el poco tiempo libre que me pueda quedar.
Para finalizar, he podido comprobar que durante mucho tiempo estábamos viviendo en el caos absoluto. Sólo cuando he empezado a estructurar los horarios (guardería, trabajo, estudio, etc.) las cosas han empezado a funcionar.
Ahora ya estamos casi de vuelta, con ganas de seguir escribiendo. Ojalá tenga tiempo suficiente!
El 13/09/2010 aterrizamos los 3 en Toronto: después de 5 años de ahorros, 8 horas de vuelo sin escalas y una promesa cumplida en el bolsillo, la familia de mi esposa nos recogió en el aeropuerto.
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El otro día tuve la oportunidad de comer rápidamente en un restaurante que está al lado del asiático Kobe de Las Tablas, digamos que se llama Altajo (hale, vamos al tajo). Hacía mucho tiempo que no me habían tratado tan mal en un restaurante, aunque claro, tampoco podía esperar mucho de una cervecería.
De un estupendo menú de 11 euros había dos opciones por plato, postre o café incluido y punto. Tal como entré hice ademán de girarme….pero a mis espaldas quedaba el erial que representa el infinito distrito de Las Tablas.
Parece como si por el mero hecho de vivir ó trabajar en este desierto de asfalto y hormigón, uno tuviese que pagar algún tipo de impuesto revolucionario que pudiese justificar al alza cualquier precio. Sin embargo era eso ó volver al distrito urbano-sahariano que quedaba fuera del local.
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Después de ya casi una decena de años, volví a retomar la UOC lo mejor que he podido y en todo su esplendor.
Así que desde ayer comienza una nueva temporada algo más relajada que el último semestre…pero no exenta de peligro como la anterior.
En el semestre pasado me estrellé en la práctica de ETC (Estructura y Tecnología de Computadores) por una gestión del tiempo incorrecta. Y es que la vida personal y profesional influyen muchísimo en el ritmo de estudio. Sin la práctica sobre la máquina rudimentaria no fué posible presentarse al examen (tiene cierta lógica). Al menos me saqué 2 asignaturas de 3, lo que no está del todo mal.
La consigna del semestre es sencilla: Gestión del tiempo y como mínimo dos sesiones semanales de estudio. Esto y nada más que esto, creo que es el mejor consejo que podría dar a cualquiera.
No podía disfrutar anoche de una buena pesadilla que me revolviese las entrañas sin haber visto antes la mítica película Pet Sematary (El cementerio viviente), basada en la novela del mismo nombre de Stephen King. Después de ver la película, tendré que comprar obligatoriamente el libro y dormir con la luz encendida.
En la historia, un padre resucita a su hijo de 2 años que murió atropellado en la carretera. Para ello, lo entierra en un antiguo cementerio indio que está maldito: Las consecuencias son desastrosas (lo siento si rompo el argumento a quienes no la hayan visto, aunque es una película bastante antigua). Ya me veía yo ayer noche, imaginándome al ‘nene’ que se acerca silenciosamente por el flanco de la cama bisturí en mano diciendo ‘Papi, mira lo que tengo…’. Terrorífico. Continue Reading…
Este fin de semana estuve en Bilbo, el tiempo justo para poder conocer su cara más amable. Me impactó el cambio gradual que ha sufrido la ciudad en estos últimos 10 años tras mi última visita: parece una ciudad más limpia, ahora que la industria está claramente en retroceso en esta pequeña ciudad.
Ciertamente, se ve una inversión y un trabajo a fondo en cuidar con mimo las infraestructuras: fachadas, puentes, rehabilitación de edificios, arte, mobiliario urbano, paisajismo y zonas verdes.
Por esa razón se respira un ambiente próspero en -repito- la cara más amable de la ciudad. De vez en cuando se nota cierto toque e influencia de la iglesia en algunos rincones (que en numerosos casos, hizo cuenta de su patrimonio para vender, revender y comprar propiedades con mucha astucia, según me han contado).
En definitiva, los habitantes de Bilbo pueden sentirse muy orgullosos de su ciudad, desde luego: Hacía mucho que no visitaba una ciudad tan limpia y cuidada, tan verde y tan singular a la vez.
Sin embargo, no tuve la ocasión de poder ver la otra cara de la moneda: ví gente de todo tipo y condición, pero me comentaron que hay zonas donde la ría separa claramente a los ricos de los pobres. Me da la impresión de que -como en muchos otros lugares- la clase media va en declive.
Así, hay rincones que muestran el lado más oscuro de la ciudad y que no tuve la ocasión de conocer; queda hecha la promesa de introducirme en sus entrañas más adelante (y quizás el año que viene).
Por otra parte, espero que os hayan gustado las fotos. Hasta pronto!
Sintiéndome obligado a tener que dejar el coche en el taller, me ví forzado a caminar hasta mi trabajo.
No sin cierto respeto, tenía que ir caminando por el arcén de la carretera de Fuencarral para evitar los agujeros que me iba encontrando al otro lado del quitamiedos. Durante el trayecto, me llamó bastante la atención que cuando solemos ir en coche nos olvidamos del entorno que nos rodea: simplemente, si no lo vemos no podemos creer que algo llegue a existir por sí mismo.
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Este mediodía tuve la oportunidad de acercarme a La Moraleja Green, lugar de altos vuelos para las rentas de gama alta que viven justo al otro lado de la autopista A-1 (…y para vuelos más ajustados de otras rentas menores que pululan por el polígono industrial de Alcobendas).
Es así como me atreví a acercarme para encontrar una cafetera de émbolo para mi media naranja (llámese, en el argot cafetero ‘French-Press’).
Tras dar unas cuantas vueltas y al poco tiempo puede tropezar con una bella tienda (y bella vendedora) que ante mi estupor me mostró una tetera con émbolo de diseño y jersey de neopreno (¿?)…por la friolera de nada más y nada menos que 99 euros (mondos y lirondos).
Ante mi estupor por la relación indiscutible calidad-precio del artilugio, la vendedora aseveró que para comprar una tetera de calidad no se podía bajar de ese precio, y que cualquier otra cosa por debajo de ese precio no estaría a la altura. Dicho y hecho, como buen consumidor salí corriendo sin mirar atrás.
Ya son un buen puñado de años desde que entré en el mundo de la informática.

El primer contacto lo tuve en los 80 , cuando un ZX Spectrum+ cayó entre mis manos: recuerdo con cariño cómo pude empezar a ‘trabajar’ con él de hurtadillas gracias al Manual del Usuario/Guía para el empleo, que hasta un niño podía entender.
Así aprendí a programar en BASIC, siguiendo los ejemplos que venían incluidos en las páginas del manual. Gracias a revistas que traían código, artículos y ‘pokes’ como MicroHobby, el Spectrum gozó de una buena salud durante sus mejores años.
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